El verano para APRENDER

Se acaban las clases, empieza el verano y las vacaciones. Y nos encontramos con niños con unos horarios más abiertos, menos rutinas y muuuuchas ganas de divertirse. A todos nos encantaría que quisieran coger un libro, leer, aprender… Pero esto acaba siendo una lucha diaria con ellos, que tienen la idea de que es un rollo, ¿Aprender? Un rollo. ¿Leer? Un rollo. ¿Esfuerzo? Un rollo.

Y es que no es fácil hacerlo bien con los niños. Muchas veces pensamos que lo estamos haciendo bien para que estudien, para que sepan coger el gusto por aprender, que estén motivados. Pero acabamos consiguiendo un poco lo contrario. El esfuerzo queda de parte de los padres. Padres que se esfuerzan, pero sin las herramientas de cómo pasar ese esfuerzo a los niños.

Nuestra filosofía es que nadie nace aprendido, pero que todos podemos aprender. ¿Cómo conseguir que los niños tengan ese gusto por aprender que tanto nos gustaría?

Pues aprendiendo a motivarlos, cogiendo como padres el timón de la vida de nuestros niños y sabiendo qué decir y, más importante, cómo decirlo. De esta forma hemos ayudado a muchos padres y madres a que sepan hacerlo bien. Y te podemos asegurar que se notan resultados en los críos. Hay muchos para los que aprender ya es como un juego. Y lo que se aprende jugando ya no se olvida, pasa a ser una costumbre en ellos y nos aseguramos de que el día de mañana estudien contentos y de una forma activa.

Vamos a ver un ejemplo que hablamos hoy en antena, como gestionar un viaje en coche para que sean curiosos, quieran aprender y sea entretenido.

*Viaje de Asturias a Alicante, Claudia, una niña de 10 años en el asiento de atrás y los padres delante… Se despierta en Castilla-León y… ¡temblad! Empieza a preguntar*

Claudia – Mamá, ¿qué es eso que se ve al fondo?
Madre – ¿Lo qué?
C – ¡Aquellas casas que se mueven!
M – ¡Ah, sí! ¿Qué crees tú que son?
C – No sé, parecen casas.
M – ¿Las casas tienen esas aspas?
C – No…
M – Muy bien. ¿Quieres saber qué son?
C – Síii!
M – Son… ¡Molinos de viento! ¿Y sabes para que sirven?
C – Pues… no…
M – A ver, vamos a pensar! ¿Qué hacen esas aspas?¨
C – Giran… ¡ya sé! ¡Para espantar a los pájaros!
M – Jajaja, pues fíjate! Seguro que no se le acercan! Pero tiene que ver con algo que este año viste en el cole…
C – ¿En el cole? Bah, un rollo.
M –  ¡Tiene que ver con la energía! Te acuerdas de que era eso?
C – Sí, lo de renovables y no renovables
M – ¡Te acuerdas! Qué bien… vaya cuanto aprendiste este año… Pues un molino es una energía renovable. ¿Te imaginas cuál de ellas?
C – Pues…  había de agua, de aire…
M – Aquí hay agua?
C – Jajaja, no mamá! Es de aire… por eso se mueve no?
M – Exacto… A ver si adivinas ahora… ¿Cómo crees que se mueve?
C – Pues… el aire mueve esas aspas… y hay algo dentro que se mueve.
M – Muy muy bien!! Jo, que contenta nos tienes! (Al padre) Tú te das cuenta de todo lo que sabe esta cría? Así da gusto.
C – Ijijiji
M – Siguiente pregunta en el juego de hoy… (imitar sonido de tambor) ¿Para qué crees que servían estos molinos de viento?

***

Y así, ir llevándola a que hay trigo, y ¿qué se hacía con el trigo? Pues molerlo, para hacer harina ¿Y qué se hace con la harina? Pues pan. ¿Y cómo se hace el pan?…

Ir jugando con preguntas, motivación y aprendizaje. Es difícil que nos salga este estilo al principio, porque lo habitual es cansarnos de hacer esto y acabar cayendo en responder nosotros, y el truco está en saber hacer las preguntas y guiar las respuestas.

Este juego se puede mezclar con otros que sean de jugar solo, que intenten contestar al máximo número de preguntas sin ayuda y cuanto más larga sea la cadena conseguida… más tiempo de playa al llegar. 10 preguntas, pues 10 minutos extra.

Y ahora, padres y madres, ¿os animáis a aprender cómo motivar para que les fascine aprender?

 

 

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